Vivimos en una sociedad que reconoce a las personas extraordinarias cuyo desempeño en ciertas habilidades es superlativo (Mozart, Einstein, Phelps, etc.). Si alguien nos preguntara por qué unas personas destacan y otras no, seguramente responderíamos que es debido al talento y al trabajo duro. Una ecuación de dos incógnitas: maestría = talento + trabajo duro, ¿cuánto hay de talento innato y cuánto hay de trabajo duro en la excelencia? En los años 80 el premio Nobel de economía, Herbert Simon, intentó resolver la incógnita detrás de figuras con un supuesto talento innato o maestría en su quehacer. Observó por primera vez en la historia que, por ejemplo, los considerados como los grandes maestros del ajedrez invertían de 10 mil a 50 mil horas de su vida practicando esta disciplina. Su maestría era resultado de su dedicación, práctica y la inversión de un tiempo mínimo de 10 años.

En 2006, el divulgador científico Philip E. Ross publicó «The Expert Mind» en la prestigiosa revista Scientific American, en dicho artículo apoya la teoría de Herbert Simon según la cuál una década de trabajo intenso sería necesaria para dominar cualquier disciplina, los niños prodigio, como Gauss en matemáticas, Mozart en la música, o Bobby Fischer en el ajedrez, hicieron un esfuerzo equivalente, ¿Cómo? Pues mediante un estudio y análisis detallado previo, acompañado de un trabajo más duro e intenso que los demás.

El talento está sobrevalorado

En relación al talento, los primeros trabajos de Mozart no son nada originales, en realidad son adaptaciones de obras de otros compositores. Einstein suspendió el examen de acceso a la universidad y Phelps no consiguió medallas en su primera participación en los JJOO. ¿Talento? El talento está sobrevalorado (buen libro, Talent is Overrated, del escritor Geoff Colvin, lo recomiendo encarecidamente).

En cuanto al trabajo, la mayoría de nosotros nos quedaríamos totalmente patidifusos si contabilizáramos todas las horas que hemos dedicado a nuestro trabajo y que, a pesar de ello, no hemos alcanzado la excelencia. Ni tan siquiera hemos pasado cerca de ella.

Entonces, ¿Qué condujo a Wolfgang, Albert y Michael a ser considerados como referentes expertos en sus respectivos campos? La respuesta es la práctica deliberada. Todos ellos se dedicaron en cuerpo y alma a mejorar sus habilidades.

Principios de la práctica deliberada

Año 1993, un psicólogo sueco llamado K. Anders Ericsson junto a un grupo de científicos, acude al Conservatorio de Música de Berlín. Su objetivo: analizar cuánto tiempo llevaba a una persona alcanzar la maestría. Después de entrevistar a los estudiantes, K. Anders Ericsson y su equipo concluyen que las características de quienes se creían que tenían un talento innato, en realidad eran resultado de horas de lo que denominan práctica deliberada y que la excelencia se alcanza, de la misma forma que estimó el Nobel de economía Herbert Simon, después de 10 años o de 10 mil horas de práctica deliberada.

La práctica deliberada, en su definición propuesta por el psicólogo sueco K. Anders Ericsson, es un método de entrenamiento que se lleva a cabo con el objetivo específico de mejorar el rendimiento. Es decir, es un método de entrenamiento para que la práctica o el esfuerzo lleven a la habilidad. Esta práctica se rige por los siguientes principios:

  1. Motivación: la naturaleza competitiva y la determinación por mejorar deben ser el motor que nos empuje a llevar a cabo esta práctica. Sin la motivación para superar obstáculos, cuando la mejora se estanca, la inclinación natural de cada uno de nosotros será rendirse.
  2. Objetivos SMART: la aspiración de mejorar no puede ser suficiente, no se trata de un vago propósito de Año Nuevo. La práctica deliberada implica una planificación meditada, la identificación de áreas de mejora y la creación de un plan de trabajo específico para construir sobre tus habilidades actuales. Nunca perdamos de vista la recompensa.
  3. Adiós zona de confort: no se trata de “esforzarse más”, sino de “intentarlo de manera diferente”. Si no consigues resultados con la técnica actual, prueba redefiniendo y experimentando hasta que rompas con el bloqueo que no te permite avanzar.
  4. Constancia y tenacidad: este tipo de entrenamiento prolongado puede llegar a ser frustrante e incómodo. Es por ello que debemos luchar contra esta frustración. Las ráfagas de esfuerzo constante y tenaz son clave para mantener el impulso hacia la mejora de habilidades.
  5. Feedback continuo: necesitamos tener claro en qué debemos mejorar y cuán cerca estamos de alcanzar los objetivos. El feedback continuo, tanto externo como de uno mismo, es esencial para tener una visión realista del progreso alcanzado.
  6. Recuperación: la práctica deliberada es un entrenamiento cuyo nivel de intensidad y concentración hacen que el tiempo de recuperación sea importante. Parafraseando al poeta romano Juvenal, “Mens sana in corpore sano”.

La práctica deliberada es un método de entrenamiento constante para que la práctica o el esfuerzo lleven a la mejora continua de la habilidad.

Imaginemos de qué seríamos capaces si se aplicaran en las escuelas, desde temprana edad, las técnicas de efectividad contrastada en la música, la ciencia o el deporte. Las mejoras que hemos observado en los últimos 50-60 años en estos campos podrían ser extrapolables a prácticamente todos los ámbitos si aplicamos los principios de la práctica deliberada. Resulta excitante.

Conclusión

No hay atajos, la maestría es fruto de la práctica deliberada y ésta, aunque se puede recortar en el caso de los niños prodigio, consume tiempo. Con la misma visión de la regla de las 10.000 horas y basado en el estudio de K. Anders Ericsson, Malcolm Gladwell en Outliers, The Story of Success pone de relieve algunos ejemplos más como los Beatles o la habilidad informática de Bill Gates. Los Beatles tocaron en vivo en Hamburgo, Alemania, más de 1.200 veces entre 1960 y 1964, acumulando más de 10.000 horas de experiencia, cumpliendo así la regla de las 10.000 horas. Gladwell afirma que todo el tiempo que los Beatles dedicaron a actuar dio forma a su talento, y cita al biógrafo de los Beatles, Philip Norman, afirmando: «Cuando regresaron a Inglaterra desde Hamburgo, Alemania, ‘sonaban como nadie más. Era un sonido único que habían creado ellos’. Gates cumplió con la regla de las 10,000 horas cuando obtuvo acceso a una computadora de la escuela secundaria en 1968 a la edad de 13 años, y pasó 10,000 horas programando. Y como colofón, Gladwell recuerda que aunque poseamos el talento y estemos enfocados en la práctica deliberada, nadie, absolutamente nadie, lo consigue solo: «No one—not rock stars, not professional athletes, not software billionaires, and not even geniuses—ever makes it alone». Aún así, ya sabes, cuanto más entrenes, más suerte tendrás.

Después del dato - Gary Player - Cuanto más entreno, más suerte tengo

Después del dato – Gary Player – Cuanto más entreno, más suerte tengo